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Crónica N.º 22 · La Argentina contemporánea

El 2001

Diciembre de 2001: corralito, cacerolazos y cinco presidentes en dos semanas.

Diciembre de 2001 — Enero de 2002 · 7 minutos

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Capítulo I

El corralito

Diciembre de 2001: el Estado cerró los bancos y la calle respondió.

Argentina llevaba años en crisis: convertibilidad, deuda, desempleo. En diciembre de 2001, el gobierno de Fernando de la Rúa anunció el corralito: un límite a los retiros bancarios. Millones de argentinos despertaron sin acceso a sus ahorros.

La democracia que Raúl Alfonsín había devuelto en 1983 enfrentó su peor momento. No fue un golpe militar. Fue algo más extraño: un país entero en la calle, golpeando cacerolas.

Ver pieza en la colecciónDiagrama de la crisis de diciembre de 2001 en Argentina

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Diciembre de 2001: cinco presidentes en dos semanas

Ver pieza en la colecciónManifestación contra el corralito en Buenos Aires, 2002

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La calle contra el corralito: la democracia en crisis

La calleEl colapso

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Capítulo II

Que se vayan todos

Del 19 al 20 de diciembre: cinco presidentes en dos semanas.

El 19 de diciembre estallaron los cacerolazos. El 20, la represión en la Plaza de Mayo dejó muertos. De la Rúa renunció esa noche, escoltado en helicóptero. Lo que vino después fue un vértigo: Rodríguez Saá, Camaño, Puerta, Duhalde —cinco presidentes en catorce días.

En enero de 2002, el peso dejó de valer uno a uno con el dólar. La convertibilidad murió. Argentina defaulteó la mayor deuda soberana de la historia.

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año de la crisis

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presidentes en 14 días

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de diciembre

Capítulo III

La democracia bajo estrés

No hubo golpe. Hubo algo peor: un Estado que no podía gobernar.

Ver pieza en la colecciónManifestación contra el corralito en Buenos Aires, 2002

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Manifestación contra el corralito en Buenos Aires

Wikimedia Commons

Con la democracia se come, se cura y se educa.

Raúl Alfonsín

Consigna de 1983 — dieciocho años antes del colapso

Capítulo IV

El país que salió distinto

El 2001 no destruyó la democracia. La transformó.

El 2001 no fue el fin de la democracia argentina. Fue su prueba más dura desde 1983. Surgieron movimientos sociales, piqueteros, fábricas recuperadas, una sociedad que aprendió a organizarse sin esperar al Estado.

La herida económica duró años. Pero la lección política permanece: cuando las instituciones fallan, la calle responde. Y cuando la calle responde, la democracia tiene que escuchar — o volver a quebrarse.

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