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Crónica N.º 2 · Las Invasiones Inglesas

La Ciudad que Venció a un Imperio

Dos veces desembarcó el ejército más poderoso del mundo en Buenos Aires. Dos veces lo expulsó una ciudad sin murallas, peleando desde las azoteas.

Junio de 1806 — Julio de 1807 · Lectura: 8 minutos

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Capítulo I

El imperio pone el ojo en el Plata

1806. Napoleón domina Europa, Inglaterra domina el mar, y en el sur de América hay una capital rica y casi indefensa.

Después de Trafalgar, la flota británica no tenía rival en ningún océano. Sobraban barcos, sobraban soldados y faltaban mercados: Napoleón había cerrado Europa al comercio inglés. Del otro lado del Atlántico, Buenos Aires —capital del Virreinato del Río de la Plata— guardaba el tesoro de las minas de Potosí y le compraba todo al contrabando.

El comodoro Home Popham, sin orden de Londres, decidió que esa ciudad podía tomarse con lo que tenía a mano. Zarpó del África del Sur con unos 1.600 hombres al mando del general William Carr Beresford. El 25 de junio de 1806 desembarcaron en Quilmes.

La capital de medio continente cayó en 48 horas. El virrey Sobremonte huyó hacia Córdoba llevándose el tesoro real, que los ingleses capturaron en Luján y pasearon en carretas por las calles de Londres.

ATLÁNTICOBANDA ORIENTALPAMPARÍO DE LA PLATABuenos AiresLas ConchasColoniaMontevideo
ATLÁNTICOBANDA ORIENTALPAMPARÍO DE LA PLATAEl virrey huye →Buenos AiresQuilmesMontevideo
La invasión · junio 1806La Reconquista · agosto 1806

Deslizá hacia la derecha para ver el otro plan

La ocupación duró 46 días. Y en esos 46 días pasó algo que Popham no había calculado: la ciudad, abandonada por su virrey, empezó a organizarse sola. En las quintas y los cafés se tramaba la resistencia; un capitán de navío francés al servicio de España, Santiago de Liniers, cruzó a Montevideo a buscar tropas.

El 12 de agosto, Liniers entró por el norte con milicianos, vecinos y soldados. La lucha fue calle por calle hasta la Plaza Mayor. Beresford se rindió con toda su fuerza. Buenos Aires había sido reconquistada sin ayuda de España.

Buenos Aires no es una plaza militar; pero sus habitantes han hecho de cada casa una fortaleza.

Parte de la época sobre la Reconquista

Agosto de 1806

Capítulo II

Una ciudad en armas

Entre las dos invasiones, Buenos Aires hizo algo inédito: se armó a sí misma y destituyó a su propio virrey.

Todos sabían que los ingleses volverían. En pocos meses, una ciudad de comerciantes y artesanos se transformó en un campamento: ocho mil vecinos se enrolaron en cuerpos de milicias organizados por origen. Los criollos formaron el regimiento de Patricios —el más numeroso— y eligieron a sus propios oficiales, con Cornelio Saavedra a la cabeza. Gallegos, catalanes, vascos, andaluces, pardos y morenos: cada comunidad levantó su batallón.

Cuando Sobremonte quiso volver a escena, un cabildo abierto lo declaró incapaz y lo destituyó, entregando el mando militar a Liniers. Era la primera vez que los vecinos de una colonia española deponían a un virrey. Nadie lo dijo en voz alta todavía, pero el poder acababa de cambiar de manos.

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días duró la primera ocupación

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vecinos enrolados en las milicias

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veteranos trajo la segunda invasión

Capítulo III

La segunda invasión

Julio de 1807. Esta vez no es una aventura: es una expedición imperial en regla, con órdenes de Londres.

Londres convirtió el zarpazo de Popham en política de Estado. El teniente general John Whitelocke llegó al Plata con una fuerza de casi diez mil veteranos y una misión: tomar Buenos Aires y quedarse. Montevideo ya había caído en febrero tras un sitio sangriento.

Whitelocke desembarcó en Ensenada y avanzó por los pantanos del sur. Liniers salió a frenarlo en Miserere y fue derrotado; la ciudad parecía perdida. Pero esa noche el alcalde Martín de Álzaga se negó a rendirla: Buenos Aires entera cavó trincheras, cortó calles con zanjas y subió cañones a las azoteas.

Lo que siguió fue una de las batallas urbanas más brutales de su tiempo. Seguí el scroll para verla, etapa por etapa.

RÍO DE LA PLATAQUINTASHUECOSBUENOS AIRES · 1807CADA CALLE, UN EMBUDO · CADA AZOTEA, UN FORTÍNDesde Ensenada · ~10.000 hombresMiserereCOLUMNAS BRITÁNICAS →fuego desde las azoteasSanto DomingoRendiciónPlaza Mayor y FuerteRetiroLa Residencia

Etapa 1 de 6 · 28 de junio — 1.º de julio de 1807

El desembarco

Whitelocke desembarca en Ensenada con cerca de 10.000 veteranos y avanza por los pantanos del sur. Del otro lado lo espera una ciudad que un año antes ya expulsó a un ejército británico.

Etapa 2 de 6 · 2 de julio de 1807

Miserere

Liniers sale a frenarlos en los corrales de Miserere y es derrotado. El camino a la Plaza Mayor parece abierto, pero el alcalde Martín de Álzaga se niega a rendir la ciudad: esa noche Buenos Aires entera cava trincheras.

Etapa 3 de 6 · 5 de julio, madrugada

Trece columnas

Whitelocke lanza sus columnas por las calles rectas hacia el río, con una orden insólita: fusiles descargados, solo bayoneta. La cuadrícula porteña se convierte en un embudo.

Etapa 4 de 6 · 5 de julio, mañana

La guerra de las azoteas

Cada terraza es un fortín. Agua hirviendo, piedras, granadas caseras y fusilería caen desde arriba; los cañones barren las calles de punta a punta. Las columnas del centro se deshacen cuadra por cuadra.

Etapa 5 de 6 · 5 de julio, tarde

Santo Domingo

El general Craufurd, acorralado, se refugia en el convento de Santo Domingo con sus mejores tropas. A media tarde iza la bandera blanca. Más de 400 británicos muertos y miles de prisioneros.

Etapa 6 de 6 · 7 de julio de 1807

La capitulación

Whitelocke firma la rendición total: evacúa Buenos Aires y también Montevideo. Una ciudad sin murallas venció al ejército más poderoso del mundo. Londres lo juzgará en corte marcial.

Cada casa era una fortaleza, cada calle un desfiladero de fuego. Jamás tropas británicas fueron sacrificadas de manera tan inútil.

Testimonio del juicio a Whitelocke

Corte marcial, Londres, 1808

Capítulo IV

El día después

Inglaterra perdió dos ejércitos. España perdió algo más grande: el monopolio del miedo.

Whitelocke firmó una capitulación total: evacuó Buenos Aires y también Montevideo. En Londres fue juzgado en corte marcial y expulsado del ejército, declarado «totalmente inepto para servir a Su Majestad en cualquier capacidad militar». Gran Bretaña no volvió a intentar conquistar el Plata: descubrió que le convenía más comerciar que invadir.

Pero la consecuencia más profunda quedó de este lado del río. Los criollos habían aprendido tres cosas: que podían vencer al ejército más poderoso del mundo, que España no había mandado un solo soldado para defenderlos, y que las armas —por primera vez— estaban en sus manos.

Las milicias criollas nacidas en 1806 se convirtieron en el verdadero poder de la ciudad. Tres años después, cuando llegó la noticia de que Napoleón había capturado al rey de España, esos mismos regimientos rodearon el Cabildo. Era mayo de 1810. Pero esa es otra crónica.