La revolución de mayo ya no cabía en Buenos Aires: había que ganar el interior.
Expediciones, milicias y la prensa de Moreno tejieron un poder frágil, pero irreversible.
Semanas después del 25 de mayo, la Primera Junta acelera el envío de expediciones y el control político de las provincias. La revolución porteña deja de ser un asunto de Buenos Aires.
Castelli al norte, la prensa de Moreno y las milicias locales tejen un poder nuevo: frágil, disputado, pero ya irreversible.
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