Evita murió a los 33 años, con el país entero de luto.
Su funeral reunió a millones en las calles: la figura más poderosa del peronismo se había ido en el pico de su influencia.
A las 20:25, la radio interrumpe su programación: «La señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación, ha entrado en la inmortalidad». Tiene 33 años; el cáncer la consumió en plena cima de su poder.
El duelo popular no tiene precedentes: dos semanas de filas bajo la lluvia para despedirla, ocho personas muertas en las aglomeraciones, las florerías de Buenos Aires literalmente vacías. Su cuerpo embalsamado sería luego secuestrado por la dictadura de 1955 y escondido en el exterior durante 16 años.
Años después
En 1972, Argentina seguía escribiendo su historia:
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