Crónica N.º 1 · La Independencia
El Cruce de los Andes
Cinco mil hombres, una cordillera de más de cuatro mil metros y un plan que nadie creyó posible. La historia de la operación militar más audaz de América.
Enero — Febrero de 1817 · Lectura: 8 minutos
Deslizá
Capítulo I
Un plan que nadie pidió
Tres ejércitos habían intentado llegar a Lima por el norte. Los tres volvieron destrozados.
En 1814, la Revolución estaba perdiendo la guerra. El camino natural hacia el corazón del poder español —subir por el Alto Perú hacia Lima— se había convertido en un cementerio de ejércitos patriotas: Huaqui, Vilcapugio, Ayohuma. Tres campañas, tres desastres.
Un coronel recién llegado de Europa, que había pedido la gobernación de una provincia pobre al pie de la cordillera, miraba el mapa de otra manera. Para José de San Martín, el problema no era cómo subir: era que subir no servía de nada. Mientras Lima siguiera intacta, la independencia era una ilusión.
Su idea era tan simple de enunciar como delirante de ejecutar: cruzar la cordillera de los Andes con un ejército completo, liberar Chile y atacar Lima por el mar.
Deslizá hacia la derecha para ver el otro plan
La patria no hará camino por este lado del norte que no sea una guerra defensiva. Ya le he dicho a usted mi secreto: un ejército pequeño y bien disciplinado en Mendoza, para pasar a Chile.
José de San Martín
Carta a Nicolás Rodríguez Peña, 1814
Capítulo II
Mendoza se convierte en arsenal
Durante dos años, una provincia entera trabajó para un solo objetivo.
San Martín transformó Cuyo en una máquina de guerra. El fraile Luis Beltrán, artillero y herrero genial, montó una fábrica que fundía cañones, balas y herraduras. Las mujeres de Mendoza donaron sus joyas y tejieron los paños de los uniformes. Los campesinos entregaron mulas, caballos y ganado.
Todo se calculó con precisión de relojero: cuánto charqui podía cargar una mula, cuántos días resistía un hombre a más de tres mil metros, cuántas herraduras se gastarían contra la piedra. Hasta se diseñó un menú de campaña —el valdiviano, un guiso de charqui, cebolla y agua caliente— y se llevaron cebollas y ajo contra el mal de altura.
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hombres cruzaron la cordillera
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mulas cargaron víveres y armas
+0 m
de altura en los pasos principales
Capítulo III
La guerra de zapa
Antes de mover un solo soldado, San Martín ya había ganado la primera batalla: la de la información.
Mientras el ejército se entrenaba en El Plumerillo, San Martín libraba otra guerra, invisible: espías dobles, cartas con información falsa destinadas a ser interceptadas, rumores plantados en las tabernas de Santiago.
En un consejo con los caciques pehuenches pidió permiso para cruzar por los pasos del sur, sabiendo que la noticia llegaría a oídos realistas. El gobernador de Chile, Casimiro Marcó del Pont, recibía cada semana informes contradictorios: el ataque vendría por el sur, por el norte, por el centro, por todas partes.
Obligado a cubrir dos mil kilómetros de cordillera, dispersó sus fuerzas. Exactamente lo que San Martín necesitaba.
Capítulo IV
Seis cuchillos sobre la cordillera
En enero de 1817, el Ejército de los Andes se partió en seis columnas. Cada una tenía una misión. Seguí el scroll para verlas cruzar.
Columna 1 de 6
Ruta de Comecaballos
Zelada y Dávila → Copiapó
Desde Guandacol (La Rioja), 130 hombres cruzan el desierto de Atacama por Come-Caballos y ocupan Copiapó el 13 de febrero.
Columna 2 de 6
Ruta de Guana
Juan Manuel Cabot → Coquimbo y La Serena
140 milicianos salen de San Juan, cruzan el paso de Guana y toman el norte chileno el 12 de febrero.
Columna 3 de 6
Paso del Portillo
José León Lemos → San Gabriel
Partida de distracción desde Mendoza por el Portillo de Piuquenes, amagando sobre San Gabriel.
Columna 4 de 6
Paso del Planchón
Ramón Freire → Curicó y Talca
Desde San Carlos, Freire cruza el Planchón por el extremo sur para sublevar el centro-sur chileno.
Columna 5 de 6
Paso de Uspallata
Juan Gregorio de Las Heras → Valle de Los Andes
800 hombres con toda la artillería: cañones desarmados, a lomo de mula, pieza por pieza por Uspallata.
Columna 6 de 6
Paso de Los Patos
San Martín · O'Higgins · Soler → San Felipe
La columna principal: más de 3.000 hombres por el paso más alto. San Felipe el 8 de febrero; Chacabuco cuatro días después.
Capítulo V
La travesía
Veintiún días de piedra, hielo y viento. La cordillera cobró su peaje.
Ningún mapa preparaba para aquello. De día, el sol a cuatro mil metros quemaba la piel; de noche, la temperatura se desplomaba muy por debajo de cero. El soroche —el mal de altura— tumbaba a hombres y animales por igual.
El ejército avanzaba en un silencio irreal, roto por el viento y el crujido de la piedra. Más de la mitad de los caballos y miles de mulas quedaron en el camino. Los cañones de Las Heras, desarmados y cargados a lomo de mula, cruzaron pieza por pieza por Uspallata.
San Martín, enfermo, con úlceras que lo obligaban a viajar a veces en camilla, escribía partes optimistas para no desmoralizar a nadie. El 8 de febrero, las columnas convergieron del lado chileno. La cordillera estaba vencida.
Lo que no me deja dormir no es la oposición que puedan hacerme los enemigos, sino el atravesar estos inmensos montes.
José de San Martín
Antes de iniciar el cruce, enero de 1817
Capítulo VI
Chacabuco
12 de febrero de 1817. El ejército que no podía existir aparece donde no podía estar.
Marcó del Pont intentó reunir a las apuradas las fuerzas que la guerra de zapa le había obligado a desparramar. En la cuesta de Chacabuco, a un día de marcha de Santiago, unos 1.500 realistas se atrincheraron para frenar lo imposible.
San Martín no les dio tiempo. Atacó en dos columnas: O'Higgins de frente, Soler envolviendo por el oeste. La carga final de los Granaderos a Caballo decidió la jornada en cuestión de horas. Los realistas dejaron la mitad de sus hombres entre muertos y prisioneros; los patriotas, poco más de cien caídos.
Dos días después, San Martín entró en Santiago. El cabildo lo aclamó como gobernador de Chile. Lo rechazó: el cargo fue para O'Higgins. Su guerra no era por poder; todavía faltaba Lima.
Capítulo VII
El legado
El cruce no fue una batalla: fue la llave que abrió un continente.
Un año después, la victoria de Maipú selló para siempre la independencia de Chile. Desde Valparaíso, la expedición libertadora zarpó hacia el Perú, y en 1821 San Martín proclamó en Lima la independencia del virreinato más poderoso de América.
La historia militar compara el cruce de los Andes con las hazañas de Aníbal y Napoleón en los Alpes, con una diferencia: los Andes doblan en altura a los Alpes. Se hizo con un ejército levantado desde la nada, financiado por una provincia pobre y planeado hasta la última herradura.
Como dijo el propio San Martín, la victoria no fue de la espada: fue de la paciencia.