Nueve años después de Mayo, el Congreso de Tucumán pronunció la palabra que nadie se atrevía a decir en voz alta.
La independencia no se declaró en un instante de euforia: se votó entre guerras civiles y la certeza de que el imperio español aún mandaba desde Lima.
“Declaramos solemnemente la independencia de estas provincias.”
Acta del Congreso de Tucumán, 9 de julio de 1816
En una casa prestada de San Miguel de Tucumán, los diputados del Congreso de las Provincias Unidas declaran «una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli». Días después agregarán: «y de toda otra dominación extranjera».
La declaración llega en el peor momento posible: la Europa de la Restauración aplasta revoluciones, los realistas presionan desde el norte y solo San Martín, desde Cuyo, la exigía con desesperación para poder lanzar su campaña. Fue un acto de audacia, no de comodidad. Por eso importa.
Protagonistas
Historias relacionadas
Seguí el hilo
Después de «La Declaración de la Independencia»…
Elegí una puerta. Una sola. El universo sigue.
Avisame cuando salga el boletín
Estamos armando un email con historias argentinas. Dejá tu correo y te avisamos cuando empiece a salir.