El Congreso dio a los maestros un estatuto de alcance nacional.
Sin carrera docente estable, recordaba Sarmiento, no hay República.
El Congreso aprueba la ley que regula la carrera docente en todo el país. La escuela pública gana un marco laboral y profesional de alcance nacional.
El Estatuto prolonga, en clave del siglo XX, la obsesión sarmientina: sin maestros estables, no hay República.
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