Desobedeciendo la orden de Buenos Aires de retirarse a Córdoba, Belgrano decide dar batalla en Tucumán con un ejército de soldados bisoños y gauchos armados con lanzas y cuchillos atados a cañas. Enfrenta a las tropas realistas de Pío Tristán, superiores en número y experiencia.
La batalla es caótica —una estampida de caballos y hasta una nube de langostas se cruzan en la jornada—, pero al caer la tarde los realistas se retiran. La Revolución estaba a una derrota de morir en el norte; Belgrano la salvó desobedeciendo.
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