Doce días después del Acta, los diputados volvieron a poner el cuerpo: juraron la independencia ante Dios y la Patria.
Ya no bastaba haberla declarado: cada provincia prometía defenderla frente a España y a cualquier otra dominación extranjera.
Doce días después del 9 de julio, los diputados del Congreso General juran solemnemente la independencia de las Provincias Unidas. Prometen ante Dios y la Patria promover y defender la libertad frente al rey de España, sus sucesores, la metrópoli y toda otra dominación extranjera.
La declaración había sido un grito; el juramento la convierte en compromiso público. La independencia deja de ser solo un acta: pasa a ser un deber que cada provincia deberá sostener en guerra.
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