En la batalla de Tucumán, el Ejército del Norte detuvo la contraofensiva realista.
Fue el giro que impidió que la revolución fuera aplastada desde el Alto Perú — y abrió el camino a Salta y a la bandera.
Ante el avance realista desde el norte, Belgrano ordena lo impensable: que todo el pueblo de Jujuy abandone la ciudad llevándose lo que pueda y quemando lo que quede. Nada debe servir al enemigo: ni alimentos, ni ganado, ni techo.
Miles de personas marchan hacia el sur en carretas y a pie. Un mes después, esa retirada heroica se convertirá en victoria en la batalla de Tucumán. Pocas veces en la historia un pueblo entero fue el ejército.
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